El Brexit y la Salud

Los británicos son un pueblo muy interesante. Una de sus características principales es que casi siempre consiguen lo que quieren.

Tienen una maravillosa música: The Beatles, The Rolling Stones, The Police, Queen y Dire Straits…

Su sistema sanitario público es uno de los modelos en el mundo.

Y además algunas cosas las han hecho muy bien, entre ellas “devolvernos” Menorca, que recuperamos en 1782. Los británicos no se esforzaron mucho en defenderla. Menos mal. Menorca fue ocupada por ellos en 1708 en el marco de la Guerra de Sucesión española. El Tratado de Utrecht reconocía la soberanía del Reino Unido sobre Gibraltar y Menorca a cambio del reconocimiento de Felipe V (el primer borbón en España) como rey.

Entre Gibraltar y Menorca, yo me quedo con la isla. No pensarán lo mismo los andaluces…

También tienen otras cosas, no tan buenas, por ejemplo, como decía George Orwell, el recelo hacia los extranjeros.

Y ahora les ha dado por el BREXIT.

¿ El brexit puede tener efecto en la salud de los británicos?

Sí, un efecto negativo.

A principios de este año, se publicó un artículo en una prestigiosa revista científica, British Medical Journal (la traducción sería algo así como Revista Médica Británica).

Dicho artículo científico intentaba determinar qué efecto en salud de los habitantes del Reino Unido puede tener el brexit en los próximos 10 años. Y según el tipo de brexit, más blando (con acuerdos comerciales) o más duro (sin acuerdos comerciales).

Se centran en un aspecto: La mortalidad por enfermedades cardiovasculares (ictus, infarto agudo de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares) debido a la disminución de la ingesta de frutas y verduras que va a conllevar la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE).

Cualquier brexit (blando o duro) va a conllevar un incremento de los precios de la importación de ambos productos. En el mejor de los casos (brexit blando) aumentarán siempre los costes de transacción en el comercio, debido a los controles fronterizos.

En el año 2017, el 84% de las frutas y el 43% de las verduras en el Reino Unido fueron importadas. Actualmente el Reino Unido está preparando un plan para incrementar su producción interna; piensan que van a poder incrementar ésta un 2% cada año.

Con el brexit, el incremento de precio de estos productos básicos de la dieta, podría ser entre el 4%, en el caso de un acuerdo de libre comercio con la UE, el brexit más blando,  y el 11%, en el caso del brexit más duro, sin acuerdo.

Ese incremento en los precios va a producir una disminución en el consumo, del 3,5%, en el caso de un acuerdo de libre comercio con la UE, el brexit más blando,  y del 11,3 %, en el caso del brexit más duro.

Todo ello conlleva un incremento de la mortalidad, estimada en la próxima década (de 2021 a 2030), de:

  • 4.110 muertes más en el caso del brexit blando. Lo que supone un incremento de muertes por enfermedades cardiovasculares del 0,6% o
  • 12.400 muertes más en el caso del brexit duro. Lo que supone un incremento de muertes por enfermedades cardiovasculares del 1,7%.

¿El consumo de frutas y verduras es tan importante para la salud?

Sí.

Las frutas y verduras tienen un efecto beneficioso, demostrado, en la salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda comer más de 400 gramos de estos productos al día (excluidas las patatas y otras féculas), para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y obesidad.

Pero hay estudios que indican que la ingesta de 800 gramos al día (5 raciones de 160 gramos) produce mayor beneficio.

Si sólo se ingieren 200 gramos al día, de forma mantenida, el beneficio en la salud supone, con respecto a las personas que no consumen frutas y verduras:

  • 18% menos riesgo para tener ictus,
  • 16% menos riesgo para tener infarto agudo de miocardio,
  • 13% menos riesgo para tener otras enfermedades cardiovasculares,
  • 4% menos riesgo para tener cáncer.

Si se ingieren 800 gramos al día, de forma mantenida,  el beneficio en la salud supone, con respecto a las personas que no consumen frutas y verduras:

  • 33% menos riesgo para tener ictus,
  • 28% menos riesgo para tener infarto agudo de miocardio,
  • 24% menos de riesgo para tener otras enfermedades cardiovasculares,
  • 13% menos riesgo para tener cáncer.

La OMS estimó que en 2017 unos 3,9 millones de muertes, a nivel mundial, se debieron a un consumo insuficiente de frutas y verduras. De forma que esta ingesta inadecuada causa, en todo el mundo, aproximadamente:

  • El 20% de los cánceres gastrointestinales
  • El 31% de los infartos agudos de miocardio
  • El 11% de los ictus

El consumo actual de ambos productos es muy variable en todo el mundo, oscilando entre 100 gramos al día en los países menos desarrollados hasta 450 gramos al día en la Europa Occidental. Los británicos actualmente consumen 258 gramos por persona y día. Los españoles consumimos 410 gramos por persona y día. En ambos casos, excluidas las patatas y otras féculas.

Las políticas y su efecto en la salud

En este mismo artículo científico se dice:

“La política comercial ejerce una poderosa influencia sobre los factores de riesgo de enfermedades no transmisibles y, por tanto, para la salud de la población”

“La salida del Reino Unido de la UE se ha enmarcado en términos de su importancia política y social. Pero este estudio muestra que el impacto del brexit va más allá de la economía y puede afectar al riesgo de enfermar de las personas. El gobierno del Reino Unido debe considerar las implicaciones para la salud pública de las opciones de política comercial del brexit, incluidos los cambios en el precio de los grupos de alimentos clave”

Todos los gobiernos deben considerar las implicaciones de sus decisiones en la salud de los ciudadanos. No sólo las decisiones de política comercial, como nos ocurre ahora con el Reino Unido. Las políticas públicas tienen un gran efecto en la salud de la población. Habitualmente el impacto es a medio y largo plazo, por lo que a veces es poco visible. Y ese efecto es mayor en los colectivos más vulnerables, con peor situación socioeconómica. 

Los políticos que defienden un brexit duro en el Reino Unido deberían explicar el posible efecto en la salud de los ciudadanos. Los humanos deseamos dos cosas: vivir lo máximo (esperanza de vida) y felices (calidad de vida). Alta esperanza de vida y alta calidad de vida. Y esto es salud.

Los poderes públicos son responsables de la salud de la población. Recordemos lo que decía en la primera entrada de este blog. A nivel individual se pueden adoptar hábitos que redunden en mejora de la salud, presente y futura, pero al menos un 64 % de los determinantes de la salud no dependen de cada persona.

En España disponemos de una ley de Salud Pública, que en su artículo 35, sobre evaluación del impacto en salud, dice: “La evaluación de impacto en salud deberá prever los efectos directos e indirectos de las políticas sanitarias y no sanitarias sobre la salud de la población y las desigualdades sociales en salud…”

Son las 19 horas del último domingo de septiembre; me voy a nadar, escuchando música británica, a Dire Straits… La primera canción que he puesto en mi mp3: Where do you think you’re going?, en español ¿A dónde crees que vas?…..

God save the Queen.

El Titanic y la Salud

Hace unos días estuve en la ciudad donde se construyó el Titanic, en Belfast, Irlanda del Norte. Formar parte de aquellos astilleros, Holland and Wolff, debió ser muy interesante. Seguro que para los irlandeses el Titanic era la gran innovación. Realmente el Titanic era como los otros barcos de aquella época, pero más grande. Y más que innovador era vanidoso hasta el punto de que su cuarta chimenea era de mentira, sólo ventilaba. Pero tener cuatro chimeneas le daba un aire de grandeza, destacaba entre los otros barcos de la época.

En el famoso transatlántico, que se hundió el día 14 de abril de 1912, viajaban 2225 personas, 1316 pasajeros y 909 tripulantes.

El Titanic zarpando de Southampton, Inglaterra.

Viajar en primera o en tercera clase determinó claramente la probabilidad vivir tras el choque con el iceberg. Igual que con la salud: vivir en primera clase o vivir en tercera clase determina vivir más o menos años y con mayor o menor calidad de vida.

De los pasajeros que iban en primera clase en el gran titán, el Titanic, el 62 % sobrevivieron. De los que iban en tercera, sobrevivieron el 25%.

De los hombres que iban en primera, el 33% sobrevivieron. De los hombres que iban en tercera clase, sobrevivieron el 16%.

Y en cuanto a las mujeres que iban en primera clase, el 97 % sobrevivió (sólo 4 mujeres de primera clase fallecieron). De las que iban en tercera, sólo el 46% sobrevivió.

En resumen, la probabilidad de salir vivo de aquel desastre era algo más del doble, si viajabas en primera clase que si viajabas en tercera.

Los de segunda clase tenían una probabilidad intermedia de sobrevivir, no tanto como los de primera ni tan poco como los de tercera. Es gradual.

¿Por qué ocurrió?

Porque el nivel socieconómico determinó la probabilidad de sobrevivir.

Aunque la explicación que habitualmente damos es:

Porque los pasajeros de tercera clase iban en la parte anterior y posterior del barco, con escasos botes salvavidas. Y para llegar a cubierta tenían que atravesar un laberinto de pasillos y escaleras, e incluso tenían rejas que les separaba del resto de pasajeros (esto último tenía como objetivo cumplir con la normativa de inmigración de Estados Unidos, el destino del viaje). En cambio, los pasajeros de primera clase iban en la parte central del barco, con acceso más fácil a la cubierta.

Estas explicaciones, las que damos habitualmente, son las causas intermedias, como comentaba en la primera entrada de este blog. La causa fundamental (“la causa de las causas”), es que tenían peor posición socioeconómica. Esto determinó, que tuviesen menor probabilidad de salir vivos del desastre.

Y en el mundo de la salud, ¿nos ocurre lo mismo?

Sí, claro…

En el mundo de la salud, la explicación que habitualmente damos es:

Mueren antes los que tienen más elevada la tensión arterial o el colesterol, o los más obesos, o los que realizan menos actividad física o beben más alcohol o fuman más o tienen más alta la glucosa en sangre (“azúcar en sangre”). Otra vez las causas intermedias.

La realidad es que, los ciudadanos, cuanta peor posición socioeconómica, tienen mayor tensión arterial, mayor colesterol, más sobrepeso u obesidad, menor actividad física, mayor consumo de alcohol, mayor tabaquismo, más elevada la glucosa en sangre…

Si no tenemos en cuenta las causas de las causas, es difícil mejorar la salud de los ciudadanos.

El Titanic es como cualquiera de nuestros países. Hay grupos de personas, que llamamos poblaciones, que viven en primera clase, otras en segunda y otras en tercera.

¿Y si en España obtengo unos datos parecidos a los del Titanic?

A ello vamos… Voy a relacionar para cada Comunidad Autónoma, la riqueza media por persona (producto interior bruto per cápita o también llamada renta per cápita) con la esperanza de vida.

Veamos los dos gráficos, referidos el primero a las mujeres y el segundo a los hombres.

Fuente de ambos datos: Instituto Nacional de Estadística.
Fuente de ambos datos: Instituto Nacional de Estadística.

La línea azul indica la renta de los ciudadanos de cada Comunidad Autónoma. La mayor renta, la de la Comunidad de Madrid, 34.916 euros por persona. La menor, la de Extremadura, 18.174 euros por persona. Las barras rojas indican la esperanza de vida, expresada en años. La mayor esperanza de vida la tienen las personas de la Comunidad de Madrid (87,2 años en mujeres y 82,1 años en hombres) y la menor, las de Andalucía (84,5 años en mujeres y 79,3 años en hombres).

A mayor renta por persona, mayor esperanza de vida.

En ocasiones se dice que la mayor esperanza de vida está ligada a tener unos mejores servicios sanitarios. No es así. Como veíamos en la anterior entrada de este blog, los servicios sanitarios sólo influyen en un 11 % en la salud. Pero de este tema hablaré en una futura entrada de este blog .